LUNES.
18:00 horas.
ÑikiÑakaÑikiÑakaÑikiÑaka…
Me estoy haciendo vieja. Me duele todo sólo de pensar el ese sonidito intermitente y rítmico de los muelles de la cama de (pongamos) Antonia.
NikiÑakaÑakaÑakaÑikiÑiki…
¿Por qué será que me causa justo el efecto contrario? Me está creciendo una carcajada desde lo más hondo de mi estómago y temo que salga a la luz. Si abandonan la habitación (que lo dudo), me van a ver roja como un tomate, pero no de vergüenza o excitación, sino de risa…
Esto me está recordando la historia-interminable-para-ya-que-no-me-interesa de la Bridget Jones alcoyana: alias la Reina S. y Pichita de Oro. (¡Ay cuánto te quiero ahora! Sólo ahora, ¿eh?, que dentro de diez minutos estaré en el coche con otra. Pero, ¡mira que eres guapa-cuánto-te-quiero-voy-a-dejar-a-mi-mujer-por-ti!). Sí, las telenovelas también existen en la vida real y son mucho más reales. Pues bien, Antonia podría ser perfectamente Pichita de Oro, pero en femenino. ¿Coñito de Oro? Se admiten apuestas.
No recuerdo exactamente de dónde nació la absurda idea de utilizar mi blog como toca, es decir, como un diario. Pero esa falta de memoria tan típica en mí queda cubierta por la cantidad de anécdotas y bichos raros que suelo cruzarme por el camino desde que me levanto hasta que me acuesto (e incluso durmiendo...). Y lo cierto es, pensándolo bien, que sería mejor no amargar a la gente con mis sucesos diarios, pero es que hay cosas que le ocurren a una que debe exteriorizarlas como sea antes de acabar histérica perdida.
LUNES.
07:15 horas.
El coche-Clío-Huevón que debo heredar se queda atascado en medio de una calzada a rebosar de conductores somnolientos y nerviosos. No arranca. Y, ¿cuál es la decisión más sabia en este momento?: “Tú empuja, que yo guío el coche”. Papá en acción. Y, como yo no puedo arrastrar el coche cuesta arriba, se escucha el consabido grito de furia. Al final acabo haciendo como que empujo mientras unos chiquillos arrastran al Huevón camino del vertedero (ojalá).
10:30 horas.
Bien, llego a Valencia mareada. No funcionan las escaleras mecánicas, así que me toca subir a pulso hasta la superficie mi maleta cargada de libros hasta reventar. Son muy, muy, eficaces en Valencia. ¿Que las cosas se estropean?… Pues ya se arreglarán solas…
11:30 horas.
Elija entre las siguientes dos opciones:
a) Profesor de autoescuela arisco.
b) Profesor de autoescuela charlatán, impertinente y especialista en los cruces con semáforo escandinavos (sic).
MARTES
(Ilusa de mí si pensaba que hoy no me iba a pasar nada, jeje.)
01:30 horas (vale, esto ya sería miércoles).
Yo estaba durmiendo en mi camita, tan tranquilita, cuando de repente alguien me toca, me despierta, suelta un pequeño gritito, se parte de la risa. “¡Tia, joder, qué susto me has dado!”. A ver, que sepa, yo estaba durmiendo tranquilamente en la cama que me toca a una hora políticamente correcta. Para más inri, había estado hablando con mi compañera de habitación una hora antes. Conocía mi presencia… Pero, repito, tengo complejo de fantasma. Por favor, ¡regaladme un collar de perro que detecte mi presencia! No te jode… y el susto se lo dio ella, no yo…
MIÉRCOLES
De 00:00 a 00:00 horas.
ZzzzZzzzZzzz…
JUEVES
De 00:00 a 00:00 horas.
¡Uy, cuántas cosas debo hacer! Mejor no me muevo de aquí. Voy a entrar en letargo como mi tortuga Carmen, a la que veo apoyada en la pared de su tortuguera, a dos patas, con el cuello estirado, moviendo la cabeza de lado a lado, con los ojos cerrados y sin percatarse de mi presencia. Me da miedo. Primero se volvió tan cotilla como su propietaria. Ahora está llegando a su mismo estado de locura. ¿Está soñando? ¿O simplemente cotillea también a oscuras? Voy a cerrar los ojos yo también a ver si así es igual de divertido el mundo.
ZzzzZzzzZzzz…
Leviatán. Paul Auster
“Una conciencia excesivamente refinada, una predisposición al sentimiento de culpa frente a sus propios deseos, llevaron a un hombre bueno a actuar de una forma curiosamente solapada, una forma que comprometía su propia bondad. Esta es la esencia de la catástrofe”. Así define Paul Auster esta novela centrada en las debilidades humanas, en concreto las estadounidenses, y en las catástrofes sociales cada vez más inevitables.
De nuevo, un libro basado en el proceso de creación de una novela por parte de dos escritores semejantes a los genios esquizoides que han pasado a la historia de la literatura. Uno narra la vida del otro. Y no es para menos, pues al pobre de Benjamin Sachs (el protagonista) si no sufre mil y una calamidades, las busca. Una vida normal de un tipo excéntrico muerto mientras manipulaba una bomba casera destinada a destrozar una réplica de la Estatua de la Libertad.
Poco cabe decir del reconocido autor de Leviatán, uno de los mejores que la patria estadounidense ha lanzado al mercado en las últimas décadas. Con su lenguaje claro, de un marcado tono periodístico, teje una nueva red de metáforas que pretenden reflexionar sobre la –aparentemente- irracional sociedad americana. Las complejas relaciones personales (el sexo) y la independencia social (la Estatua de la Libertad) son los pilares fundamentales de esta novela. Pero no nos engañemos, los americanos no son tan diferentes a nosotros: “No se trata de que esté bien o mal. Así es como funciona el mundo. Todos los hombres son prisioneros de su polla y no hay nada que podamos hacer para evitarlo”.
Cántico de sangre. Anne Rice
¿Puede un vampiro, el más mortífero, llegar a ser un santo, a salvar almas y reconducir el mundo? Imposible, teniendo en cuenta que Lestat es el prototipo de maléfico chupasangre. Sin embargo, el engendro terrible relatado por Bram Stoker evoluciona, novela tras novela y autor tras autor, hasta convertirse en un ser con sentimientos terrenales. No sólo la sensualidad, la atracción física o la maldad, sino que la compasión, el rigor y la inteligencia aplicada a la vida nocturna de sus personajes.
Que la escritora Anne Rice regrese con un nuevo libro ya no es una novedad. De hecho, su prolífica carrera dentro del mundo oscuro y sangriento le ha permitido crear una novela en la que conjuga varios de los protagonistas de dos de las sagas más conocidas: Crónicas vampíricas y Las brujas de Mayfair. Una mezcla curiosa y sólo recomendable para los lectores ya iniciados en el mundo Rice, pues la amplia gama de matices de cada personaje de Cántico de sangre es fundamental en el desarrollo de la historia.
El atractivo y altanero vampiro Lestat narra en primera persona sus aventuras –no tan maléficas como era de esperar- con una mezcla de orgullo desenfrenado y preocupación. Describe sus ideas, su alocada carrera para ser adorado como un icono cristiano sin ignorar, eso sí, que posee una legión de seguidores ciegos de sangre. A su modo, ya es un santo –o un dios-, pero su ambición humana es casi tan fuerte como su ego. Lo dicho, que ser vampiro no es nada fácil.
Memoria de mis putas tristes. Gabriel García Márquez
Elogios de la vejez como éste se van a convertir en el tema recurrente de la literatura del siglo XXI. La razón es bien sencilla: las editoriales, cada vez más supeditadas al negocio, a las ventas y a la publicidad, comienzan ya a explotar los sentimientos del lector, la vida cotidiana de todas las personas con el interés claro de obtener cada vez más beneficios. Y esto es lo que ha ocurrido con Memoria de mis putas tristes, del afamado Gabriel García Márquez.
Resultó un tanto espectacular observar la campaña mediática que acompañó la publicación de este libro. De tanta intensidad que por poco eclipsa el argumento del nuevo libro. No importaba el qué, sino quién. García Márquez cedió a las reglas del mercado sólo por dinero, pues la fama ya la tenía de antemano tras años en la profesión periodística y literaria. ¿Fue la presión editorial la que le obligó a escribir esta brevísima novela? Es la única excusa que se puede encontrar para justificar las semejanzas (demasiado descaradas) con un relato anterior del japonés Yasunari Kawabata: La casa de las bellas dormidas.
Las voces de plagio se extendieron al poco tiempo por los círculos literarios mundiales. Y no es para menos, pues el argumento es el mismo (salvo pequeños matices) y el desarrollo demasiado cercano. ¿García Márquez copió? Desde esta breve columna defiendo que no, pues el aura de ambas novelas difiere en exceso. Kawabata, todo sensibilidad y buen hacer literario japonés. García Márquez, repleto de sentimientos primarios e impulsivos. Por esta razón, para lograr comprender Memoria de mis putas tristes es imprescindible recurrir a Kawabata y a su imaginario zen. Sin él, la preparada mesa marqueciana se queda coja.